2010-05-18

Ser héroe es simplemente “ser Humano”. Que contradicción.

Luís Alejandro Velasco: un suertudo quien tuvo el coraje de llegar al límite de lo que puede aguantar un ser humano y salir invicto (aunque con más de algún magullo, o sea no tan invicto), o un hijo de puta con tanta mala suerte como para ir en un barco (llamado destructor) y convertirse de un minuto a otro en un náufrago por accidente. Usted dirá: nunca tan agilao como para naufragar a propósito. Yo le digo: no sea agilao y siga leyendo.
Según la concepción colectiva que tenemos de un naufragio, nos suponemos de plano una tempestad. Una hecatombe marina de proporciones neptunianas, con olas de 8 kilómetros de alto y lluvia torrencial. Vientos del más allá y ojos de tornado incrustándose bajo la superficie marítima, donde hasta el mismísimo “acuamán” temería por su vida. Pues nada de esto ocurrió con el Sr. Velasco. Más bien fue víctima de un accidente.


La idea no es contar el libro completo. Quizás no merece un Pulitzer (esto lo digo porque está escrito como nota periodística) o un premio destacado de literatura, pero si es de esos libros que te atrapan y que te pueden acompañar en un largo viaje en bus una tarde pacífica de domingo (ojalá lejos de la playa), o en las idas al baño por capítulos. En la mágica escritura de García Márquez, podemos disfrutar los “sin sabores” de la historia del Sr. Velasco, un marinero del ejército colombiano quien en un viaje de vuelta de Mobile, Alabama naufraga en un desafortunado accidente que lo tiene en los ires y venires de las corrientes del océano a merced del sol, de tiburones ingleses (llegan con la hora del té), de zapatos indestructibles y agua... mucha agua.


Más que hacer un resumen acerca del libro en sí, me interesa más el “ser humano” del personaje. Cabe destacar que “Relatos de un náufrago” está basado en hechos reales, redactados por García Márquez cuando trabajaba en un diario posteriormente clausurado por el gobierno de la época. El Sr. Velasco en persona se acercó a contarle su historia después de "pasar por muchas marcas de publicidad, tener mucha fortuna, y de que muchas “misses” del país lo besaran".


¿Por qué me llama la atención el “ser humano” de esta obra?
Es algo difícil de explicar, pero he estado cayendo en cuenta de esto desde hace no mucho tiempo. Los sobrevivientes son endiosados al punto de ser “Supra Humanos”. Son héroes, ok. Los medios los hacen “súper héroes”, casi con poderes y trajes especiales. No solo los medios los elevan, sino que nosotros mismos como género “infra humano” a estos “supra humanos”. Lo hacemos pidiendo autógrafos y/o fotos, haciendo propia de alguna manera sus bemoles y sostenidos, vividos por una situación X.



En el libro existe una parte clave de esto: la gente mira al sobreviviente Velasco como un héroe nacional siendo que hizo lo que cualquier ser humano intentaría hacer en un momento como ese. Está siendo humano. El ser humano tiene ese instinto de conservación de la especie y sobrevivencia… quien no lo haría!?... hasta yo me comería un pedazo de suela en medio de la nada!!! Pero aquí, quien lo hizo es convertido automáticamente en un héroe, un seco, llegando al punto de ser peleado como mercancía para avisos de agencias de publicidad y repartir besos de Miss Colombia (en este momento, el autor del presente texto está pensando en naufragar a propósito para ganarse uno que otro calugazo de alguna Miss Chile) ((Nota de El ChE: mejor comete una suela)).


El caso de los “Dioses criollos” no está lejos tampoco. Sabido, aburrido y repetido es el caso del terremoto que azotó Chile en febrero, donde existen varios héroes anónimos que salieron a la palestra después de la catástrofe. ¡Y eso está bien! Si alguien hace algo por mi y mi familia, lo menos que podría hacer sería reconocerlo e intentar contarle a los demás que fue lo que hizo por mi. Inclusive trataría de recompensarlo en la vía que se me permitiera. Pero lo recompensaría una vez (siendo caritativo, dos…), no 15 o 20. Tampoco lo invitaría a la tele, para que la tele de ahí lo tome y lo inviten a otros programas de la misma tele, para que luego el círculo de hermanos del huaso lo apadrine y le regale caballos. O un colegio, que como el cabro no sabe leer o por problemas de dicción, va y se equivoca en una declaración y le regalan a medio Chile, alterando inclusive su vida cotidiana al punto de querer volver a ser solo un niño normal... Eso, creo que es mucho.


Hay muchos Velascos, muchos Zafradas, muchos héroes a los que les regalamos la categoría de "anónimos". Ojo!, nadie quita lo perdido (que ironía). Nadie deja de reconocer lo que el agua se llevó ni las pérdidas humanas y materiales. Pero siempre se llega al mismo punto: el punto donde los dejamos caer inmisericordemente, con la misma fuerza con que los levantamos, para estrellarlos con la fuerza de la inercia directamente en el pavimento seco del olvido...



Y es que eso es el olvido. No es un pozo sin fondo donde se pueden echar mil cosas para no volverlas a ver, sino que es puro concreto. Es donde las cosas lanzadas al aire con la fuerza de la pasión, del amor, de la alegría (o de cualquier sentimiento fuerte) terminan por caer y reventar, destruyéndose por completo y dejando una mancha imborrable, indeleble e indeseada que produce asco y, por supuesto, morbosidad.



Aguante Velasco. Aguante Zafrada. Aguante los héroes anónimos del comercial de “Colún post catástrofe”. Los queremos. Aun sabiendo que llegará el día en que dejemos de quererlos y ni siquiera nos tomaremos la molestia de odiarlos, condenarlos, o repudiarlos por lo que fueron...


Simplemente después de endiosarlos los dejaremos caer en ese duro concreto. Y los olvidaremos hasta que algún matinal de mala muerte los recuerde como una anécdota. Como un hecho poco importante que no ocupará más de 3 minutos en la “tevé”. Ojalá eso sí, nos den aunque sea motivos para odiarlos y despreciarlos, pues Django tiene en sus palabras mucha razón: “... odio quiero más que indiferencia; porque el rencor hiere menos que el olvido”...



(Nota de El ChE: Oye, Ochkar. ¿Y de qué era el libro?)
(Respuesta de Ayackiro: Ah, de un weon que naufraga y pan con queso con monos de gneve)

1 comentario:

Julio dijo...

Notable, me cage de la risa, esta wea es media adictiva
felicitaciones